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jueves, 15 de enero de 2009

La vida en Gaza

Regresemos un poco en la historia a la victoria electoral que llevó a Hamas al poder en la Franja. Este hecho no fue un acto de adhesión masivo de los palestinos de Gaza al fanatismo integrista ni a las acciones terroristas sino un rechazo perfectamente legítimo de los ciudadanos a la ineficiencia y, sobre todo, a la descarada corrupción de los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina. Y, también, un típico acto autodestructivo al que los seres humanos, individuos o colectividades, son propensos cuando llegan a situaciones límite, de indefensión y desesperación totales.

Las condiciones atroces de existencia de la población de Gaza hacen imposible la posibilidad de progreso y modernización, ya que –en opinión de gente que lo ha presenciado- son condiciones de miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz. Por el contrario, los cadáveres y ríos de sangre de estos días sólo servirán para alejarla y levantar nuevos obstáculos y sembrar más resentimiento y rabia en el camino de la negociación.

La sociedad israelí ha vivido un proceso de derechización radical y llegado a la conclusión de que no hay acuerdo razonable posible con los palestinos; y que, por lo tanto, sólo una política de fuerza, de represión y castigo sistemáticos los doblegará, haciéndoles aceptar, al final, una paz impuesta según las condiciones de Israel. Cabe recalcar que, según las encuestas, más de dos tercios de los israelíes aprueban la acción militar contra Gaza.


jueves, 8 de enero de 2009

Israel vs. Palestina, guerra entre civilizaciones

En el 2003, Israel construyó un muro alrededor de Qalqilya, ciudad del territorio palestino. La única apertura que hay es estrecha y está custodiada por un soldado de la potencia ocupante. Los sentimientos surgidos por la situación, como el enfado, la incredulidady la protesta fueron silenciados. Los residentes están paralizados. Sus legisladores pasan la mayor parte del tiempo presos en cárceles israelíes, sin siquiera ser acusados. Las condiciones en las que se encuentra la ciudad son alarmantes: nada entra ni sale, la gente está casi muerta, y un alto porcentaje de la población padece de depresión.

Pero el encierro no sólo ha afectado la salud de las personas, la economía se encuentra estancada y aislada. Hace 10 años, miles de israelíes hacían sus compras allí. Qalqilya era una de las ciudades más ricasde Cisjordania. Ahora los clientes israelíes se perdieron, y a los habitantes se les impidió acceder a sus tierras, prácticamente liquidaron su agricultura. “Hay desempleo, pobreza y estrés”, indicó Arwa Shanti, responsable de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados en Palestina en Oriente Medio. El tiempo en que palestinos e israelíes interactuaban en la ciudad se acabó.